
Friedrich Nietzsche (1883), en su obra Así habló Zaratustra, narra el regreso de este personaje inspirado en el profeta persa Zoroastro, cuya reseña pública destaca el retorno del sabio ermitaño tras años de soledad en la montaña. Su propósito es compartir su sabiduría con la humanidad y propone una revolución espiritual que desafía los valores tradicionales, abogando por la creación de una nueva ética centrada en el ser humano y su capacidad de superación: el superhombre (Übermensch), destinado a superar la mediocridad, la moral barata y afirmar la voluntad de poder. Su filosofía del superhombre se construye sobre la idea de que Dios ha muerto y que el hombre debe amar y afirmar la vida (Ed. Educar).
En un apartado de su discurso filosófico, en Del pálido delincuente, reflexiona lo siguiente:
«Vosotros, jueces y sacrificadores, ¿no queréis matar hasta que el animal haya inclinado la cabeza? Mirad, el pálido delincuente ha inclinado la cabeza: en sus ojos habla el gran desprecio. “Mi yo es algo que debe ser superado: mi yo es para mí el gran desprecio del hombre”: así dicen esos ojos. El haberse juzgado a sí mismo constituyó su instante supremo: ¡no dejéis que el excelso recaiga en su bajeza!
No hay redención alguna para quien sufre tanto de sí mismo, excepto la muerte rápida. Vuestro matar, jueces, debe ser compasión y no venganza. Y, mientras matáis, cuidad de que vosotros mismos justifiquéis la vida. No basta con que os reconciliéis con aquel a quien matáis. Vuestra tristeza sea amor al superhombre: así justificáis vuestro seguir viviendo. “Enemigo” debéis decir, pero no “bellaco”; “enfermo” debéis decir, pero no “bribón”; “tonto” debéis decir, pero no “pecador”.
Y tú, rojo juez, si alguna vez dijeses en voz alta todo lo que has hecho con el pensamiento, todo el mundo gritaría: “¡Fuera esa inmundicia y ese gusano venenoso!”. Pero una cosa es el pensamiento, otra la acción, y otra la imagen de la acción. La rueda del motivo no gira entre ellas. Una imagen puso pálido a ese pálido hombre. Cuando realizó su acción él estaba a la altura de ella, mas no soportó la imagen de su acción una vez cometida esta» (pág. 23).
Todo este pensamiento adquiere sentido hoy ante la barbarie de la guerra y el poder que se deriva una vez se logra la aniquilación total del enemigo y la apropiación de sus recursos y riquezas junto con vidas inocentes. Tony Judt (2005) previamente lo registró cuando afirma:
«Gracias a la agresión alemana, Estados Unidos era ahora, por primera vez, una potencia en Europa. […] Contaba con una fortaleza arrolladora; era evidente, incluso para los que habían quedado hipnotizados por los logros del Ejército Rojo. El PIB de Estados Unidos se había duplicado durante la guerra y, para la primavera de 1945, su capacidad de producción equivalía a la mitad del total mundial, aparte de corresponderle la mayor parte de los excedentes alimentarios del mundo y la práctica totalidad de las reservas financieras internacionales» (Judt, pág. 166).
Ante este panorama descrito, Judt se pregunta qué iba a hacer Estados Unidos con todo ese poder y qué quería. La respuesta fue clara y sigue siendo la misma. Luego de la muerte de Roosevelt, «la Junta de Jefes de Estado Mayor presentó al presidente Truman una directiva, la JCS 1067 que, con base en los puntos de vista de, entre otros, Henry Morgenthau, secretario del Tesoro de los Estados Unidos, recomendaba que debería dejarse claro a los alemanes que la despiadada ofensiva y la fanática resistencia nazi habían destruido la economía alemana y habían convertido el caos y el sufrimiento en inevitables, y que los alemanes no podían escapar a la responsabilidad de lo que ellos mismos se habían buscado. Alemania no sería ocupada con el propósito de la liberación, sino como una nación enemiga derrotada» (pág. 166).
Los iraníes actuales, y el mundo en general, lo saben luego de ver las continuas guerras y agresiones de Estados Unidos, especialmente en Oriente Medio y otras regiones. Ahora Estados Unidos, bajo el gobierno de Trump, pareciera estar repitiendo la misma consigna de 1945, pero con un ingrediente diferente: no estamos viviendo bajo las reglas y condiciones de la unipolaridad, sino en un mundo multipolar y altamente tecnológico que apunta a un claro equilibrio de poderes, en donde la pretensión de aplastar al enemigo funciona bajo la lógica de la responsabilidad de lo que ellos mismos se han buscado, vivir de la economía de guerra y del poder económico y financiero —legal e ilegal— bajo su control.
La desmilitarización, desnazificación y desindustrialización de los alemanes implicaba también la reeducación de la población alemana bajo los principios de Occidente, del mundo según la visión de los Jefes de Estado Mayor de los Estados Unidos, es decir, de los halcones y del conglomerado militar-industrial y petrolero.
Eso no pasará con el pueblo persa, una cultura de más de cinco mil años. Elam, cuya primera civilización iraní construyó un gobierno hacia el 2800 a. C., y en el 625 a. C. los medos construyeron un imperio destronado por Ciro II el Grande, fundador del Imperio aqueménida (550-530 a. C.). Posteriormente surgirían los imperios parto y sasánida, con figuras como Darío (522-486 a. C.) y Jerjes I (486-465 a. C.). Irán es también la tierra de los arios —tribus indoiranias— y se llamó Irania o Irán, la tierra de los arios, con religión politeísta (Ahura Mazda, el señor de la sabiduría, la fuente de todo bien).
Entre 1500 y 1000 a. C., el profeta persa Zoroastro (o Zaratustra) recibió de Ahura Mazda una religión monoteísta nueva: el zoroastrismo (vida con verdad, orden y buenos pensamientos) para combatir el mal, las mentiras y el caos. El que muere va al paraíso, a la casa de la música; los demás, sus almas, van al infierno.
Solo se respaldaba a un rey (Shah) siempre que este tuviera el Farr o favor de Dios, y el gobierno se regía por una jerarquía social vertical: el rey y su familia, los sacerdotes (magi), los nobles —aristócratas y sátrapas, gobernadores provinciales encargados de recaudar los impuestos y entrenar a los soldados del Shah—, los comandantes militares y las fuerzas de élite (los inmortales persas), los mercaderes, los artesanos, los campesinos y los esclavos, que debían ser bien tratados (Mark, J. Joshua, 2022).
De acuerdo con Joshua, los persas inventaron el ácido sulfúrico, sus propios alfabetos y desarrollaron el arte de la perfumería y el concepto de hospital y del arte de la medicina. Gracias al matemático Al-Kharizmi (780-850 d. C.) se desarrolló el álgebra, entre los aportes más destacados. El imperio persa sasánida cayó bajo los árabes musulmanes en 651 d. C. Su territorio es muy difícil de conquistar y lo es aún más su pueblo.
Ahora pasemos a Colombia con su renovación del Congreso de la República. Parece que la sociedad permanece polarizada nuevamente y atrapada entre los extremos del liberalismo y de su propia ignorancia funcional. Los resultados, según la Registraduría Nacional del Estado Civil —avance 79, preconteo—, son los siguientes:
| Mesas informadas | Porcentaje |
|---|---|
| 126.093 | 99,56 % |
| Votantes | 20.900.614 | 50,62 % |
|---|---|---|
| Votos no marcados | 495.519 | 2,41 % |
| Votos nulos | 573.572 | 2,79 % |
| Votos válidos | 19.423.187 | 94,78 % |
| Votos a partidos y candidatos | 18.806.189 | 96,82 % |
| Votos en blanco | 616.998 | 3,17 % |
Según el Consejo Nacional Electoral (CNE), se eligieron 108 senadores y 188 representantes a la Cámara para el periodo constitucional 2026-2030, incluyendo las circunscripciones especiales para comunidades indígenas, afrodescendientes, colombianos en el exterior y las curules de paz establecidas en el marco del Acuerdo de Paz de 2016.
Las curules para el siguiente cuatrienio, según el boletín 35 (97,87 %), son las siguientes:
| Partido político | Senado |
|---|---|
| Pacto Histórico | 25 |
| Centro Democrático | 17 |
| Partido Liberal | 13 |
| Alianza por Colombia (Verde, En Marcha y ASI) | 11 |
| Partido Conservador | 10 |
| Partido de la U | 8 |
| Coalición Cambio Radical – ALMA | 7 |
| Ahora Colombia (Nuevo Liberalismo, MIRA y Dignidad Compromiso) | 5 |
| Salvación Nacional | 4 |
| MAIS | 1 |
| AICO | 1 |
Los resultados para la Cámara de Representantes son demasiado extensos, razón por la cual no se hace referencia en esta oportunidad. La lista de “quemados” la lideran el expresidente Álvaro Uribe y Miguel Polo Polo, del Centro Democrático; Katherine Miranda, J. P. Hernández (hijo del candidato presidencial Rodolfo Hernández) y Angélica Lozano, de los verdes; Jorge Robledo, del MOIR; el exalcalde de Bogotá Lucho Garzón; Ingrid Betancourt, de Verde Oxígeno; Horacio J. Serpa, Juan Carlos Lozada y María Paz Gaviria (hija del expresidente César Gaviria), del Partido Liberal; César Lorduy (exmagistrado del CNE y cuestionado judicialmente); Carlos Fernando Motoa, Lina Garrido y Paulina Riascos, de Cambio Radical; Juan D. Gómez, Juan C. Wills y Soledad Tamayo, del Partido Conservador.
En conclusión, con la definición de los nuevos candidatos a la Presidencia, Colombia inicia su etapa final para escoger al nuevo presidente de la República. De acuerdo con cinco encuestadoras —Atlas, GAD3, Guarumo, Invamer y Centro Nacional de Consultoría (CNC)— y el promedio de cuatro mediciones, estas ubican a Iván Cepeda como el candidato con mayor intención de voto, con un promedio del 30 %. En segundo lugar aparece el también cuestionado Abelardo de la Espriella, con 20,4 %. En tercer lugar ubican al eterno candidato de centro Sergio Fajardo, con 6,5 %. Sin embargo, en esta medición faltaban los resultados de la consulta del 8 de marzo, en la cual Paloma Valencia, del partido de derecha Centro Democrático, fue la gran ganadora con una votación significativa que ha inflado a sus seguidores. Le siguen otros candidatos de origen similar y algunas sorpresas: Daniel Oviedo (exdirector del DANE durante el gobierno de Duque) y Claudia López (exalcaldesa de Bogotá), con una votación baja.
El análisis de la segunda vuelta es prematuro, pero todo indicaría que la disputa será entre Paloma Valencia e Iván Cepeda, del Pacto Histórico. Como decimos en Colombia, amanecerá y veremos. Los cambios estructurales que necesita el país serán nuevamente muy difíciles debido a la maquinaria electoral y a la red clientelar atrapada entre financiadores legales e ilegales, así como a la terquedad típica de buena parte de los colombianos, que deciden en el último minuto bajo el efecto de la emoción antes que de la razón, la historia, la virtud y la honestidad de su propia realidad social o estrato. La clase media es quizá el principal problema para el desarrollo.
Los investigadores Casas y Herrera (2026), de la revista Arcadia, se hacen una pregunta incómoda: ¿De qué clase es usted? Pregunta muy difícil de hacerle a una persona, que, según los investigadores, dependiendo de cuán importante sea para alguien pertenecer a una “clase” u otra, puede convertirse en motivo de ofensa o de orgullo.
Argumentan que la clasificación en clases sociales ha sido un debate mundial desde finales del siglo XIX y que, a decir verdad, todavía no existen criterios plenamente consensuados que permitan determinar con precisión quién pertenece a qué clase. Se suele hablar de tres grandes categorías: clase baja, clase media y clase alta. Esta clasificación no depende únicamente del ingreso o de la riqueza de la persona, sino también de su nivel de conocimiento y de “cultura”, un término aún más complejo que se suma al debate sobre qué define a los grupos sociales como una clase.
Casas y Herrera señalan que esta división de clases es artificial y responde a una estructura social derivada de la división del trabajo y de la propiedad, controladas por familias adineradas muy poderosas que dominan los poderes institucionales y la economía del país. Las estadísticas sobre educación, formación y cultura del colombiano resultan preocupantes:
- Sin nivel educativo: 3 %
- Primaria: 12 %
- Secundaria: 34 %
- Técnica: 21 %
- Universidad o educación superior: 22 %
- Maestría o doctorado (PhD): 8 %
En términos laborales:
- Empleados: 39 %
- Trabaja por cuenta propia: 13 % (donde existe mayor confusión estadística)
- Desempleados: entre 8 % y 9 %
Esto refleja, en parte, los resultados electorales y la falta de comprensión del tipo de Estado, gobierno y sistema democrático necesario para elegir y ser elegidos sobre la base de la honestidad y del bien común. Es decir, si se suman algunos porcentajes relacionados con la educación necesaria para tomar decisiones trascendentales, cerca del 49 % influye en la calidad del voto, y si se suman empleados y desempleados, cerca del 47 %, podríamos afirmar que más del 95 % podría presentar algún grado de analfabetismo político funcional.
Los autores terminan su estudio con una reflexión reveladora. La clase media muestra cada vez más similitudes con actitudes de autoexpresión propias de la clase alta, alejándose de valores tradicionales y valorando las actitudes democráticas desde una posición de centro. Esto le permite oscilar hacia la izquierda o la derecha según sus propios intereses y necesidades.
Constituye, en muchos sentidos, la retaguardia de un sistema democrático en tensión: valorado pero al mismo tiempo desconocido, percibido como corrupto. En suma, la colombiana es una clase media que piensa principalmente en la realización personal y en viajar; la educación de sus hijos y la búsqueda de nuevas experiencias se convierten en prioridades de vida. Valora la democracia, pero mantiene rasgos conservadores; participa poco en organizaciones sociales y se moviliza escasamente en defensa de causas colectivas o en acciones directas (Casas y Herrera, WVS Colombia, 2026).
En otras palabras, un individualismo marcado que dificulta la construcción de una visión de largo plazo y de nación industrializada, educada y científicamente desarrollada.
Profesor Asociado e Investigador en la Escuela Superior de Administración Pública – ESAP, institución de carácter universitario superior del nivel nacional del Estado colombiano. Temas y líneas de investigación relacionados con Ciencia Política, Estado, Gobierno, Administración Pública, Gerencia Pública, Políticas Públicas, Técnicas de Análisis Espacial y Geopolítica, Innovación y análisis organizacional, Gestión ambiental, Responsabilidad Social Empresarial, entre otros. He sido columnista de opinión política en revista Capital Político, conferencista, consultor y asesor de empresas e instituciones en sistemas de gestión de la calidad (ISO) y modelos de excelencia (EFQM), evaluador del Premio Nacional a la Calidad (Icontec). Profesor y catedrático en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia (UN - Bogotá), Fundación Universitaria San Martín (FUSM-Bogotá). Jubilado del Grupo Energía de Bogotá S.A. ESP. Doctorando en Política y Gobierno en la Pontificia Universidad Católica de Córdoba (Argentina); Magister en Estrategia y Geopolítica de la Escuela Superior de Guerra, y Especialista en Responsabilidad Social Empresarial de Universidad Externado de Colombia y Columbia University New York; Especialista en Gobierno Municipal de la Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá).



