El costo oculto de la mala gestión: por qué las pymes fracasan y cómo revertir esta realidad

Eje Global

Las pequeñas y medianas empresas (pymes) —categoría que en Brasil incluye también a las microempresas— constituyen el motor fundamental de la mayoría de las economías del mundo. Son responsables de impulsar la innovación, generar empleo y promover el desarrollo regional. En países como Brasil, por ejemplo, las pymes representan el 98 % del tejido empresarial, lo que equivale a casi seis millones de emprendedores que contribuyen diariamente al dinamismo económico. Sin embargo, a pesar de su importancia estratégica, una proporción preocupante de estas empresas lucha por mantenerse a flote.

Las estadísticas internacionales muestran que entre el 50 % y el 70 % de las pymes cierran sus puertas antes de completar cinco años de actividad. Contrario a lo que suele creerse, la mayoría de estos cierres no se explica por la competencia, la falta de clientes o las crisis económicas, sino por fallas internas de gestión. Detrás de cada empresa que fracasa existe un costo oculto que afecta no solo al emprendedor, sino a toda la comunidad: pérdida de empleos, frustración personal, debilitamiento de economías locales y desaparición de oportunidades de crecimiento.

En Brasil, investigaciones recientes han revelado que los factores más determinantes en la mortalidad temprana de las pymes incluyen la falta de gestión financiera eficiente, la ausencia de planificación estratégica, el desconocimiento del mercado, la inexperiencia administrativa y elementos estructurales como la burocracia excesiva y la elevada carga tributaria. Pero, más allá de estas barreras, hay un patrón que se repite en toda América Latina: la escasa formación en gestión empresarial de quienes deciden emprender.

Muchos emprendedores destacan en su actividad operativa: son excelentes vendedores, innovan en productos y servicios, entienden a sus clientes, lideran equipos, buscan proveedores y gestionan procesos. Sin embargo, un número considerable de ellos tiene dificultades para interpretar un balance, proyectar un flujo de caja o analizar indicadores financieros básicos. Esta brecha de conocimientos técnicos suele desencadenar consecuencias graves: precios mal definidos, dependencia excesiva del crédito, estructuras de capital desequilibradas, gastos descontrolados y ausencia de planificación del capital de trabajo. En conjunto, estos factores generan déficits operativos que, tarde o temprano, comprometen la salud financiera del negocio.

La primera salida para este problema es la profesionalización gradual de la gestión. Herramientas simples como planillas de flujo de caja, análisis de punto de equilibrio, estudio de la competencia y capacitación básica en lectura de estados financieros pueden transformar radicalmente la toma de decisiones. Cuando un emprendedor comprende sus números, actúa con mayor rapidez y seguridad. Lo que antes era improvisación comienza a convertirse en estrategia.

Pero la gestión financiera no es la única dimensión crítica. Muchas pymes operan de manera reactiva, respondiendo a los problemas conforme aparecen, en lugar de trabajar con una visión estratégica a largo plazo. Sin metas claras, sin procesos definidos y sin una propuesta de valor diferenciada, cualquier empresa se vuelve vulnerable. Las prioridades se confunden, los recursos se asignan de forma ineficiente y la capacidad de adaptación se reduce. En un mercado competitivo, esa falta de dirección puede ser fatal.

Por ello, el plan estratégico no es un lujo, sino una herramienta esencial. Permite establecer objetivos medibles, plazos realistas y mecanismos de monitoreo continuo. Además, favorece la estandarización de procesos, la delegación adecuada, el uso de KPIs, los sistemas de gestión de clientes, las listas de verificación operativas y las metodologías de mejora continua. Las empresas que incorporan estas prácticas logran mayor eficiencia, reducen costos, aumentan productividad y construyen un crecimiento sostenible.

El factor humano también desempeña un papel decisivo. Ambientes tóxicos, liderazgos autoritarios y falta de comunicación clara pueden destruir organizaciones enteras, incluso cuando los números parecen sólidos. La mala gestión de personas reduce la creatividad, deteriora la confianza y aumenta la rotación laboral, uno de los costos ocultos más altos para las pymes. Invertir en liderazgo, en una cultura organizacional saludable y en la comunicación transparente es indispensable. Equipos comprometidos prestan mejores servicios, innovan con más frecuencia y permanecen más tiempo en la empresa.

Otro desafío recurrente es la resistencia a la innovación. Muchas pymes fracasan porque se aferran a modelos de negocio obsoletos, subestiman a la competencia o tardan demasiado en adaptarse a nuevas tecnologías. En un mundo impulsado por datos e información instantánea, aquellas que incorporan herramientas digitales, análisis de mercado, retroalimentación constante del cliente y decisiones basadas en evidencia se vuelven más resilientes y competitivas.

También es crucial calcular correctamente el capital inicial, especialmente el capital de trabajo necesario para sostener la operación hasta alcanzar la rentabilidad. Sin este respaldo financiero, muchos emprendedores empiezan su negocio buscando préstamos para cubrir déficits inmediatos, lo que incrementa significativamente los riesgos de fracaso. Contar con un saldo mínimo de caja y con una proyección realista del ciclo operativo es esencial para garantizar estabilidad durante los primeros meses o años de actividad.

Por ello, antes de lanzarse al mercado, todo emprendedor debería invertir en su formación y en un estudio profundo de su negocio: identificar riesgos, calcular necesidades financieras, mapear procesos operativos, analizar a la competencia y simular escenarios. Cuanto más preparado esté antes de iniciar, menor será su vulnerabilidad y mayores serán sus posibilidades de éxito.

Cuando una pyme fracasa, la economía pierde más que un negocio: pierde creatividad, oportunidades, empleo y desarrollo regional. Pero estos fracasos no son inevitables. Pueden evitarse mediante una gestión más sólida, una educación financiera adecuada, un liderazgo humanizado, un pensamiento estratégico claro y una actitud abierta a la innovación.

El mensaje para empresarios, consultores, responsables de políticas públicas y educadores es claro: fortalecer la gestión de las pymes no solo mejora los negocios, sino que es esencial para la prosperidad económica de toda una sociedad.

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Doctorado en Economía por la Universidad de Salamanca (España), maestría en Administración de Negocios por la Universidad de Santa Maria (Brasil) y Licenciado en Administración por la Universidad de Cruz Alta (Brasil). Es profesor de ciencias económicas, finanzas y gestión de negocios en varios institutos de educación superior en Brasil. Es director de la firma Kruel Consultoria LTDA, con amplia experiencia en proyectos financieros y de desarrollo sectorial.

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