El péndulo latinoamericano

Eje Global

Los recientes triunfos electorales en América Latina han pintado de azul el mapa político, y ahora, después del ciclo de gobiernos de izquierda del primer cuarto del siglo XXI, el péndulo se mueve a la derecha. Ello también ha implicado, en términos generales, una marea democratizadora que ha sepultado a diversos regímenes nacional-populistas-autoritarios, proclamados como de “izquierda”, y se tiende a la normalización democrática, pese a que todavía subsisten estados dictatoriales (Venezuela, Cuba, Nicaragua) o en vías de serlo (México).

La común dificultad en la caracterización, ideológica o política, de izquierda o de derecha de presidentes, gobiernos, partidos, etc., no impide apreciar la realidad histórica latinoamericana como una marcha pendular, a veces de gran virulencia, de un extremo a otro, y que produce la impresión de que la historia se repite cíclicamente, y por ello su estudio actual, por muy remotos que sean los acontecimientos, adquiere un sabor contemporáneo.

Asi, en el siglo XIX, durante el periodo de la anarquía, el péndulo osciló de forma extremista, entre un polo liberal y otro conservador, que se reflejó en constituciones y regímenes antagónicos, de un color u otro, conforme llegaba al poder (la mayoría de las veces por la vía armada) un bando u otro, que lucharon por aniquilarse mutuamente.

Después de 50 años de guerras y conflictos fratricidas, el violento oscilar pendular se estabilizó con el triunfo liberal (en términos generales), lo que permitió consolidar los estados-nación, bajo formas políticas autoritarias o dictatoriales, con fuerte sabor más bien conservador, ya que el péndulo se movió al polo opuesto deseado por los liberales triunfantes. Conforme se prolongó la estabilidad, se perdió la oportunidad de reducir los antagonismos, sino, por el contrario, se agudizó la polarización, al punto de que otra vez, se produjeron violentas rupturas -revoluciones, golpes de Estado, etc.-, que provocaron diversas reacciones (variables según las naciones), tales como anarquía crónica, golpes de estado, dictaduras, crisis económicas, intervenciones extranjeras, y en algunos países nuevas formas estatales. 

Fue el caso de los estados nacional-populistas del segundo tercio del siglo XX. Los nuevos regímenes llevaron a cabo importantes transformaciones institucionales, económicas y sociales (industrialización, urbanización, etc.), lo que logró estabilizar el péndulo durante cierto tiempo, particularmente aquellos que transitaron hacia un modelo desarrollista y con políticas de bienestar. Pero diversos rasgos, tales como su carácter caudillista-autoritario, militarismo, estatismo económico, centralismo, corrupción, exclusión social de amplios sectores, etc., otra vez agitaron los polos hacia un bando o hacia el otro, ya sea con gobiernos de corte socialista o dictaduras de tipo fascista, que fueron expresión de la marcha pendular, y que la violentaron aún más. En este sentido, la bancarrota del estatismo-desarrollista, no fue solamente consecuencia de factores externos (como la crisis económica internacional), sino de la polarización interna que ocasionó. 

La implantación del neoliberalismo fue una respuesta a la polarización estatista-autoritaria, y junto a la búsqueda de la estabilización macroeconómica, la privatización y la incorporación a la globalización, se produjo un oleaje democratizador. Si por un lado, las políticas neoliberales implicaron que el péndulo se corriera al otro extremo del polo estatista, los procesos democratizadores pretendían ser una válvula de escape a las tensiones polarizadoras y a los anhelos de participación política ciudadana. Sin embargo, los gobiernos neoliberales y los sistemas políticos prevalecientes, y sus consecuencias (mayor pobreza y desigualdad, recesión económica, corrupción, descrédito de la clase política, etc.) de nuevo generaran una polarización aguda que derivara en el retorno de un populismo reloaded.

Con una crisis económica -el fracaso de las políticas neoliberales- y el desencanto democrático, como telones de fondo, llegaron al poder, a fines del siglo XX y principios del XXI, gobiernos neopopulistas, iniciando el ciclo izquierdista al que aludimos al principio del artículo. En poco tiempo lograron mover el péndulo hacia el otro extremo, y su inicial éxito (destacando su política social de gran envergadura) les permitió a sus carismáticos lideres políticos crear condiciones para perpetuarse en el poder, entre ellas la implantación de Narcoestados, integrados, incluso, en red regional. Al restaurar el Antiguo Régimen predemocrático, y con el retorno de la crisis económica y social, el neopopulismo elevó la temperatura polarizadora al grado de generar fuertes tensiones y conflictos internos y externos, particularmente con Estados Unidos.

Después de 200 años de historia, se puede decir que en América Latina la polarización no es meramente coyuntural, sino que es un fenómeno estructural, cuyo motor propulsor es la existencia de antagonismos políticos, económicos, sociales, culturales y de carácter internacional. El bamboleo, entre más agitado, revelará la intensidad de las tensiones y conflictos derivados de los antagonismos, sedimentados o acumulados, que en momento dado pueden estallar, cual volcán en erupción. Asimismo, entre más se mueva el péndulo a la izquierda o a la derecha, se producirá una reacción en sentido contrario (tercera ley de Newton).  

Como resultado de un fuerte oscilar se agota la energía y se produce una estabilización, y la oportunidad de superar la feroz contienda por el poder, la lucha de clases, de sexos, etc. Empero, la constante histórica ha sido la acumulación de fuerza para reanudar el revanchismo político, la imposición legislativa, el faccionalismo jurídico, el terrorismo fiscal, entre otros carburantes de la polarización, y con ello seguir con el pendular infinito que hace y rehace a las naciones latinoamericanas, y que les impide despegar en su desarrollo político, económico y social.

Ante ello, no deberá sorprender que la normalidad democrática actual conlleve el ascenso al poder de gobiernos opuestos al que imperaba a principios del siglo XXI, y que el péndulo oscila de forma extrema a la derecha, en respuesta al extremismo de izquierda previo, y que también pueda ser de larga duración.

Enrique Villarreal
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Catedrático de la UNAM desde 1984. Doctor en Estudios latinoamericanos, experto en temas de historia de México y América Latina, de política internacional, socialdemocracia y populismo. Autor de 10 libros, entre los que se encuentran: Origenes y nacimiento de la autonomía universitaria en América Latina; Orígenes del pensamiento político en México y Pensamiento Político Socialdemócrata I. Ha sido Columnista del periódico Excélsior y de la revista Capital Político, entre otras. Fundador del Partido Socialdemócrata y Secretario de Ideología por ese partido.

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