La Estrategia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos con el corolario Trump: Análisis crítico

Eje Global

El 20 de enero, la Fundación de Estudios Políticos Bayano (FEPBayano) nos invitó  a un balance a un año de la administración estadounidense de Donald Trump  con el tema sobre la Estrategia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos con el corolario Trump entre otros temas abordados particularmente su impacto para el continente americano o lo que se hace llamar el hemisferio occidental y sus consecuencias para Panamá en función de nuestra ubicación estratégica para los intereses norteamericano por la presencia de una importante vía marítima internacional o sea el Canal de Panamá.

El 4 de diciembre, la administración Trump publicó la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) 2025, un hecho que marca la definición explícita de las prioridades de seguridad y política exterior de Estados Unidos.  La emisión de esta estrategia responde a un mandato legal establecido por la Ley Goldwater-Nichols de 1986, la cual exige al presidente presentar periódicamente al Congreso un documento que describa las “amenazas” y las respuestas políticas correspondientes.

En esta nueva edición se establece de manera explícita los principios de “America First” promovidos por la administración Trump y entre sus elementos más destacados se encuentra la formalización del nuevo Corolario Trump de la Doctrina Monroe, un enfoque que define de manera directa y sin ambages la visión estadounidense de soberanía y liderazgo regional.  Este documento también critica políticas anteriores por su orientación global excesiva, enfatizando un retorno a prioridades centradas en la seguridad, la defensa de intereses estratégicos y la protección del poder económico y militar estadounidense.

Para el examen de los elementos de esta versión 2025 resulta necesario situar el análisis en el marco axiológico que sustenta la geopolítica estadounidense.

El pensamiento geopolítico surgió a finales del siglo XIX, cuando los geógrafos y otros pensadores buscaban explicar y comprender las transformaciones y los espacios finitos del mundo de fin de siglo”. Esta etapa coincidió con el cierre de la expansión colonial europea y la necesidad de comprender cómo las potencias competían en un mundo geográficamente delimitado.

Es un geógrafo alemán (Karl Haushofer) quien formula una de las definiciones del término, considerando la geopolítica como “la nueva ciencia nacional del Estado, una doctrina sobre el determinismo espacial de todos los procesos políticos, basada en los amplios fundamentos de la geografía, especialmente de la geografía política”

Alexander Dugin, teórico ruso, lleva esta noción al plano ideológico en su obra Fundamentos de la Geopolítica (1997). Allí define la geopolítica como “la cosmovisión del poder, la ciencia del poder y para el poder”. Para Dugin, la geopolítica cumple una doble función: describir la estructura profunda del sistema internacional y servir de manual operativo para orientar decisiones políticas de gran escala.

Desde esta perspectiva, la historia de Estados Unidos muestra una política exterior impulsada por una visión imperial. Esta postura se basa en el excepcionalismo, es decir, la convicción de que es una nación única y moralmente superior con el destino de formar el mundo a su imagen. Este ideal se refuerza con el universalismo, que asume que los valores y sistemas estadounidenses son válidos en todas partes, convirtiendo su expansión en una misión necesaria y legítima para el avance global.

En un conversatorio previo, relacionado con la situación política de la República Bolivariana de Venezuela a partir de la agresión militar impulsada por el trumpismo —cuyo resultado inicial fue el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa—, señalábamos que los países estaban pasando por alto el crecimiento sostenido de manifestaciones de carácter fascistoide, supremacista, xenófobo, misógeno y antiinmigrante. Estas expresiones, además, se caracterizan por su carácter represivo, descalificador y divisivo, así como por su oposición a la protesta social, la libertad de expresión y los derechos humanos, y por su rechazo a todo aquello que contradiga los intereses del orden establecido. Esta situación evocaba la tolerancia que, en su momento, se tuvo frente a la Alemania hitleriana, hasta que, con el nazismo ya avanzado y tras la ocupación de gran parte de Europa, la comunidad internacional reaccionó finalmente ante la amenaza nazi-fascista, dando paso al desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial.

Esta tolerancia pasiva frente a las manifestaciones anteriormente descritas se expresó, en gran medida, en la forma en que la comunidad internacional reaccionó ante las declaraciones públicas de Donald Trump. En un primer momento, tales discursos y actitudes fueron relativizados e incluso, hasta cierto punto, ponderados, al ser interpretados como exabruptos propios de un comportamiento desatinado, errático y ajeno a las dinámicas consideradas “normales” de la política institucional. Se asumía que se trataba de un fenómeno pasajero, atribuible a la personalidad de un líder excéntrico o “medio loco”, y que el propio establishment terminaría por contenerlo, permitiendo un eventual retorno a la normalidad. Sin embargo, nada de ello ocurrió. Por el contrario, esta subestimación inicial contribuyó a la consolidación de prácticas y discursos autoritarios, reproduciendo un patrón histórico similar al de la tolerancia inicial frente al avance del fascismo en Europa durante el período de entreguerras.

Hoy todas estas manifestaciones y expresiones políticas e ideológicas del imperio, están plasmada en la nueva Estrategia Nacional de Seguridad 2025 (ENS/2025) la cual se terminó de elaborar en noviembre del 2025 y publicada en inglés en el mes de diciembre de ese mismo año y que tuvo su debut el pasado 3 de enero  con el artero y brutal ataque militar contra la Venezuela Bolivariana. 

En dicha estrategia el propio Presidente Trump hace una especia de “carta preambular” a este documento dirigido a sus compatriotas que retrata las verdaderas intenciones de la ENS/2025:  “ Durante los últimos nueve meses, hemos rescatado a nuestra nacióy al mundo del borde del abismo y la catástrofe. Tras cuatro años de debilidad, extremismo y fracasos fatales, mi administración ha actuado con urgencia y una rapidez histórica para restaurar la fortaleza estadounidense tanto en el país como en el extranjero, y traer paz y estabilidad a nuestro mundo. Ninguna administración en la historia ha logrado un cambio tan drástico en tan poco tiempo. Desde mi primer día en el cargo, restauramos las fronteras soberanas de Estados Unidos y desplegamos al ejército estadounidense para detener la invasión de nuestro país. Eliminamos la ideología de género radical y la locura woke de nuestras Fuerzas Armadas, y comenzamos a fortalecer nuestro ejército con una inversión de 1 billón de dólares. Reconstruimos nuestro alianzas y conseguimos que nuestros aliados contribuyeran más a nuestra defensa común, incluido un compromiso histórico de los países de la OTAN de aumentar el gasto en defensa entre 2 % al 5 % del PIB. Hemos liberado la producción energética estadounidense para recuperar nuestra independencia e impuesto aranceles históricos para traer de vuelta a casa industrias críticas. En la Operación Martillo de Medianoche, destruimos la capacidad de enriquecimiento nuclear de Irán. Declaré a los carteles de la droga y a las bandas extranjeras salvajes que operan en nuestra región como Organizaciones Terroristas Extranjeras. Y en solo ocho meses, resolvimos ocho conflictos violentos, entre ellos los de Camboya y Tailandia, Kosovo y Serbia, la República Democrática del Congo y Ruanda, Pakistán y la India, Israel e Irán, Egipto y Etiopía, Armenia y Azerbaiyán, y pusimos fin a la guerra en Gaza con el regreso de todos los rehenes vivos a sus familias. Estados Unidos vuelve a ser fuerte y respetado, y gracias a ello estamos logrando la paz en todo el mundo

Y termina diciendo: En todo lo que hacemos, estamos poniendo a Estados Unidos primero. Lo que sigue es una Estrategia de Seguridad Nacional para describir y aprovechar los extraordinarios avances que hemos logrado. Este documento es una hoja de ruta para garantizar que Estados Unidos siga siendo la nación más grande y exitosa de la historia de la humanidad, y el hogar de la libertad en la Tierra. En los años venideros, continuaremos desarrollando todas las dimensiones de nuestra fortaleza nacional, y haremos que Estados Unidos sea más seguro, más rico, más libre, más grande y más poderoso que nunca.” (Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América, Noviembre de 2025)

Y en el contexto actual,  el Corolario Trump actualiza la tradición monroísta para el contexto del siglo XXI. En su formulación explícita, el documento afirma que Estados Unidos debe garantizar que “el pueblo estadounidense, no las naciones extranjeras ni las instituciones globalistas, controle su propio destino en nuestro hemisferio”. Un corolario no crea un nuevo paradigma, sino que lo amplía, lo radicaliza y le otorga un mecanismo operativo. Así lo hizo Roosevelt en su momento y así lo hace Trump en 2025 al reapropiarse de la tradición Monroe y llevarla a sus últimas consecuencias.

La ENS/2025 es un documento de apenas 33 páginas que aborda problemas complejos con un lenguaje sencillo, recurso que la ultraderecha ha sabido utilizar con eficacia mediante estrategias comunicativas basadas más en la apelación a las emociones que en los datos, en la lógica dicotómica de “los buenos contra los malos”, o en promesas claras y soluciones inmediatas que, en la práctica, nunca llegan. El texto incluye una introducción sobre la estrategia general a seguir; un apartado dedicado a qué deberían querer los Estados Unidos, qué quieren en términos generales y qué desean del mundo; posteriormente, se analizan los medios de que dispone el país para alcanzar esos objetivos. Finalmente, se expone la estrategia propiamente dicha, organizada en principios, prioridades y regiones —hemisferio occidental, Asia, Europa, Oriente Medio y África

  1. En su dimensión conceptual, el documento desplaza la noción westfaliana de soberanía estatal y la sustituye por una forma de soberanía hemisférica asimétrica, coherente con una lógica hegemónica de corte realista. En este esquema, Estados Unidos se autoerige como el único actor con legitimidad para gobernar, arbitrar y disciplinar el espacio continental. La estrategia parte de la premisa de que Estados Unidos no constituye un Estado más dentro del sistema internacional, sino una entidad supraestatal, dotada de la autoridad necesaria para ordenar, supervisar y corregir el comportamiento de las demás unidades políticas regionales, en función de la preservación del orden y la estabilidad definidos desde el centro hegemónico.
  • El documento señala en unas de sus partes que: La política exterior del presidente Trump es pragmática sin ser «pragmática», realista sin ser «realista», basada en principios sin ser «idealista», enérgica sin ser «belicista» y moderada sin ser «pacifista». No se basa en la ideología política tradicional. Está motivada, sobre todo, por lo que funciona para Estados Unidos o, en dos palabras, «Estados Unidos primero».(Pág. 8 en la versión en español de la ENS/2025). 

La frase busca presentar la política exterior de Trump como ajena a toda ideología, definida únicamente por lo que “funciona” para Estados Unidos. Sin embargo, esta aparente neutralidad es engañosa: al negar su adscripción a marcos clásicos como el realismo o el idealismo, el discurso no elimina la ideología, sino que la disfraza. El principio de “Estados Unidos primero” opera, en realidad, como una doctrina implícita que legitima decisiones unilaterales y pragmáticas, donde la eficacia inmediata sustituye a cualquier coherencia normativa o compromiso internacional.

Dice la estrategia: Queremos garantizar que el hemisferio occidental siga siendo razonablemente estable y esté lo suficientemente bien gobernado como para prevenir y desalentar la migración masiva hacia los Estados Unidos; queremos un hemisferio cuyos gobiernos cooperen con nosotros contra los narcoterroristas, los carteles y otras organizaciones criminales transnacionales; queremos un hemisferio que siga libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave, y que apoye las cadenas de suministro críticas; y queremos garantizar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave. En otras palabras, afirmaremos y aplicaremos un «corolario de Trump» a la Doctrina Monroe.” (Pag. 5 ENS /2025)

El párrafo presenta una visión del hemisferio occidental definida exclusivamente desde los intereses de seguridad, control y acceso estratégico de Estados Unidos. Bajo nociones aparentemente neutras como estabilidadbuena gobernanza o cooperación, el texto subordina a los países de la región a objetivos estadounidenses: contener la migración, externalizar la lucha contra el crimen transnacional, bloquear la presencia de actores extrahemisféricos y garantizar el acceso a recursos y posiciones estratégicas. La referencia explícita a un corolario de Trump a la Doctrina Monroe confirma que no se trata de cooperación entre iguales, sino de la reafirmación de una lógica tutelar y jerárquica, en la que la soberanía regional queda condicionada a su utilidad para Washington. Más que una propuesta de integración hemisférica, el pasaje revela una estrategia de control político, económico y geoestratégico presentada como orden y seguridad compartidos.

Desde esta perspectiva, toda expresión de autonomía latinoamericana o presencia extrarregional es presentada como una amenaza al orden que Estados Unidos se arroga el derecho de imponer. Proyectos nacionales de desarrollo, estrategias de diversificación geopolítica o vínculos con potencias como China y Rusia son recodificados como riesgos, legitimando así mecanismos de presión, intervención o disciplinamiento. Esta reinterpretación de la soberanía transforma al hemisferio en una extensión funcional del poder estadounidense, donde la legitimidad de cada Estado queda supeditada a su grado de alineamiento y obediencia.

  •   Y resulta interesante, sobre todo por lo directo destacar aquí que dicen dicha estrategia sobre el hemisferio occidental, es decir el continente americano: Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestra patria y nuestro acceso a zonas geográficas clave en toda la región. Negaremos a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro hemisferio. Este «corolario de Trump» a la Doctrina Monroe es una restauración sensata y potente del poder y las prioridades estadounidenses, coherente con los intereses de seguridad de Estados Unidos. Nuestros objetivos para el hemisferio occidental pueden resumirse en «Reclutar y expandir». Reclutaremos a amigos consolidados en el hemisferio para controlar la migración, detener el flujo de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad en tierra y mar. Nos expandiremos cultivando y fortaleciendo nuevas alianzas, al tiempo que reforzamos el atractivo de nuestra propia nación como socio económico y de seguridad preferido del hemisferio(Pág. 15-16 de la versión en español de la ENS/2025)

La frase explicita sin ambigüedades una redefinición unilateral del hemisferio occidental como zona de influencia exclusiva de Estados Unidos. Al presentar la Doctrina Monroe como una política “abandonada” que debe ser “reafirmada y aplicada”, el texto normaliza la idea de que Washington posee un derecho histórico y permanente a ejercer preeminencia sobre la región. La noción de “proteger nuestra patria” se expande así más allá del territorio nacional para abarcar el control de espacios, recursos y activos estratégicos en países soberanos, diluyendo la frontera entre seguridad interna y dominación externa.

El llamado “corolario de Trump” refuerza esta lógica al identificar a actores no hemisféricos como amenazas intrínsecas, justificando la exclusión coercitiva de China, Rusia u otros competidores no por acciones concretas, sino por su sola presencia. Asimismo, el lenguaje de “reclutar y expandir” revela una concepción instrumental de las alianzas: los Estados de la región no son socios iguales, sino recursos estratégicos movilizados para objetivos definidos en Washington —control migratorio, lucha antidrogas y estabilidad funcional—. En conjunto, el pasaje no propone cooperación hemisférica, sino la restauración de un orden jerárquico, donde la legitimidad y la autonomía regional quedan subordinadas a los intereses de seguridad y poder de Estados Unidos.

Este esquema se refuerza mediante un contexto de coerción constante, en el que los acuerdos comerciales, la transferencia de tecnología, la cooperación militar y la asistencia económica quedan supeditados a la exclusión de empresas chinas, el distanciamiento de Rusia o la adopción de políticas internas alineadas con los intereses de Washington. La estrategia es explícita al señalar que los términos de cualquier alianza dependerán de la “reducción de la influencia externa adversaria”. En la práctica, ello implica que la lealtad hemisférica se mide por la capacidad de aislar a China y Rusia, aun cuando estos actores ofrezcan alternativas de financiamiento, infraestructura o inversión más favorables.

  • La ENS 2025 amplía de manera significativa los criterios para el empleo de la fuerza, diluyendo las fronteras tradicionales entre defensa, disuasión e intervención. La consigna de “paz mediante la fuerza” se operacionaliza como una disposición permanente a acciones punitivas “rápidas y decisivas”, que pueden incluir desde operaciones letales hasta despliegues militares en el espacio hemisférico, siempre bajo la justificación de salvaguardar la seguridad nacional estadounidense. Si bien el documento declara una supuesta inclinación al no intervencionismo, esta queda explícitamente condicionada y subordinada a la definición unilateral de los intereses de Estados Unidos. En consecuencia, la no intervención no funciona como un principio normativo, sino como una excepción contingente. El eje rector de la estrategia es, en realidad, una doctrina de intervención selectiva y preventiva, legitimada discursivamente como autodefensa, pero orientada a preservar la primacía estratégica y disciplinar conductas consideradas desviadas dentro del orden hemisférico proyectado.

Consideraciones finales

  • La ENS/2025 está atravesada de principio a fin por un componente mesiánico y providencial, en el que Estados Unidos se presenta como actor investido de una misión histórica y casi divina. Este rasgo no es nuevo respecto de estrategias anteriores, pero en esta versión aparece de manera más explícita, cruda y desprovista de los matices retóricos que antes buscaban disimularlo.
  • El retorno explícito al corolario monroísta, como vía para alcanzar una supuesta “nueva edad de oro”, revela la aspiración de un imperio que, consciente de su declive relativo, busca prolongar su hegemonía recurriendo a fórmulas del pasado. Sin embargo, esta pretensión no solo entra en contradicción con la experiencia histórica, sino también con las propias leyes de la dialéctica, que muestran la imposibilidad de restaurar órdenes agotados en contextos estructuralmente distintos.
  • Cuando el documento afirma la necesidad de “garantizar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave”, es razonable inferir que infraestructuras como el Canal de Panamá se encuentran entre esos activos críticos, tanto por su centralidad en el comercio marítimo global como por su valor geoestratégico y militar. Esta formulación, deliberadamente ambigua, refuerza la lógica de apropiación funcional de espacios soberanos bajo el argumento de la seguridad nacional.
  • La estrategia, además, choca frontalmente con la realidad de un sistema internacional crecientemente multipolar, en el que la emergencia de múltiples actores estatales y no estatales limita severamente la viabilidad de una visión unipolar como la que propone la ENS/2025. El documento parece más anclado en una geopolítica del siglo XX que en las dinámicas reales del orden global contemporáneo.
  • El uso reiterado de verbos como relanzar, restaurar, reindustrializar, liberar capacidades, devolver o reinvertir constituye, paradójicamente, un reconocimiento implícito de un sistema en franco deterioro. Aunque la responsabilidad de esta situación se atribuye a administraciones anteriores, el texto evita confrontar la posibilidad de que se trate, en realidad, de un desgaste estructural del propio modelo de acumulación y poder estadounidense.
  • Asimismo, recorre toda la ENS un principio claramente propagandístico, cercano al postulado goebbelsiano según el cual una afirmación repetida hasta la saciedad termina por imponerse como verdad. La reiterada insistencia en que Estados Unidos habría “detenido más de ocho conflictos internacionales” en nombre de la paz funciona menos como evidencia empírica que como mecanismo de autolegitimación moral de su accionar global.
  • Finalmente, el documento combina un enfoque ecléctico con un principio ordenador invariable: America First. Esta consigna articula un conjunto de medidas presentadas como pragmáticas, realistas y flexibles, pero que en última instancia responden a una lógica instrumental, oportunista y unilateral, orientada exclusivamente a maximizar los beneficios estratégicos de Washington, aun a costa del derecho internacional, la soberanía ajena y la estabilidad a largo plazo del sistema internacional.

El denominado Corolario Trump, tal como se expresa y sistematiza en la ENS/2025, no se limita a actualizar la herencia del Destino Manifiesto, el excepcionalismo estadounidense y la tradición Monroe-Roosevelt, sino que la radicaliza. A estos elementos añade una lógica abiertamente coercitiva: la expulsión activa de potencias extrarregionales —en particular China y Rusia— y la reconfiguración del hemisferio bajo un entramado de alianzas condicionadas. En este marco, los Estados “socios” no son reconocidos como aliados soberanos, sino integrados como actores funcionales y subordinados dentro de un orden jerárquico diseñado por y para Estados Unidos. La ENS/2025 consagra así una visión hemisférica en la que la autonomía regional queda supeditada a la primacía estadounidense, cerrando el paso a cualquier noción de equilibrio, multilateralismo o soberanía efectiva en el continente.

La lógica es clara y brutalmente descarada, si el orden internacional “basado en reglas” no produce los resultados que Washington requiere, entonces se impone de facto un sistema “Estados Unidos Primero”, donde prevalece lo que convenga a sus intereses estratégicos. En consecuencia, se privilegia un orden transaccional y coercitivo, aplicado con una mezcla de pragmatismo y desdén por los formalismos jurídicos que el propio texto admite sin pudor.

Panamá en esta estrategia

La retórica de Donald Trump y el aumento de la tensión geopolítica en América Latina han reactivado el debate sobre los riesgos que enfrenta el Canal de Panamá, pese a la vigencia del Tratado de Neutralidad. Durante su segundo mandato, Trump ha planteado abiertamente la posibilidad de retomar el control de esta vía estratégica —por la que circula cerca del 6 % del comercio mundial—, enmarcando el tema en la creciente presencia china en la región y en una reinterpretación contemporánea de la Doctrina Monroe.

Aunque algunos indicadores de percepción política, como los mercados de predicción, sugieren un aumento en la probabilidad de un intento estadounidense de control —especialmente tras la crisis venezolana—, la realidad jurídica hace inviable cualquier acción unilateral sin consecuencias internacionales de gran alcance. En este contexto, el Canal aparece más como un instrumento discursivo de reposicionamiento geopolítico que como un riesgo operativo inmediato. No obstante, la vulnerabilidad radica en la política exterior panameña reciente, percibida como excesivamente alineada con Washington, lo que se expresa tanto en acuerdos bilaterales sensibles como en el silencio oficial frente a las reiteradas declaraciones de Trump sobre el Canal.

Eje Global
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Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad de Panamá. Cuenta con estudios de Maestría en Asuntos del Canal de Panamá y la Industria Marítima Internacional, realizados en el Instituto del Canal de Panamá de la misma universidad.

Ha cursado formación especializada en Políticas Públicas para el mejoramiento de la administración pública, la transparencia y el fortalecimiento institucional del Estado, impartida por la Georgetown University, a través de su Center for Intercultural Education and Development. Asimismo, participó en el Workshop on International Trade Promotion, un seminario-taller sobre promoción del comercio internacional realizado en Taipéi, Taiwán, patrocinado por el International Cooperation and Development Fund.

Realizó estudios sobre el proceso de toma de decisiones en la formulación de la política exterior de los Estados Unidos en la Universidad de Michigan, campus Detroit. Cuenta también con estudios de posgrado en Docencia Superior por la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Panamá.

Se desempeñó como Coordinador de Investigación del Instituto del Canal y Relaciones Internacionales. Actualmente es profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá, donde acumula cerca de 30 años de trayectoria académica.

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