
Ser gestor significa planificar, organizar, mandar y administrar personas, procesos y negocios, siempre con el objetivo de alcanzar metas de forma eficiente. En este contexto, la definición de objetivos, la creación de planes de acción, el uso de herramientas de gestión, la mejora constante de los procesos y el seguimiento del rendimiento son fundamentales para el éxito de cualquier proyecto o empresa. La gestión es un proceso de mejora continua que exige visión estratégica y pensamiento a largo plazo.
Sin embargo, la gestión no es una habilidad común entre muchos recién titulados en estudios superiores ni entre quienes abren sus propios negocios. Muchas veces, estas personas no saben cómo administrar sus profesiones o gestionar sus emprendimientos. Aprenden en la práctica lo que se enseñó en las aulas y en la vida empresarial cotidiana. Un claro ejemplo de ello es la residencia médica, que es obligatoria para los médicos recién graduados y les permite vivir las rutinas y los procedimientos hospitalarios de forma práctica. De la misma manera, un ingeniero civil no puede construir un edificio basándose solo en cálculos estructurales; es en la obra donde aplica el conocimiento teórico de manera eficaz. Así, el aprendizaje de la gestión va más allá del ámbito académico; se entrelaza con la experiencia práctica y la administración de las rutinas en cada profesión.
Una buena educación familiar se refleja en individuos emocionalmente equilibrados, con ambición de obtener una formación sólida y un futuro prometedor. Desde la infancia es importante cultivar la búsqueda de la mejora continua, que se traduce en progresos y méritos por los logros, fruto de la planificación, el trabajo duro y la determinación. Es fundamental preparar a las nuevas generaciones para que se conviertan en adultos maduros, con habilidades para decidir y gestionar sus vidas y carreras, creando riqueza o simplemente manteniendo lo heredado, perpetuando el legado de una gestión familiar responsable.
La gestión educativa de los padres debe reflejarse en la formación de los hijos, pues es en la práctica diaria donde se aprende y se adquiere conocimiento, primero en casa y luego en el entorno empresarial. Personalmente, puedo hablar de esto con propiedad. Crecí en una familia acomodada y, tras la muerte de mi abuela, observé la destrucción de la riqueza familiar debido a la falta de una planificación sucesoria adecuada. Aprendí que tener una herencia financiera significativa no garantiza un futuro cómodo. En aquella época tenía planes de estudiar inglés en Estados Unidos, donde pasaría un año en una escuela secundaria, seguido de una formación en pilotaje de aeronaves. Sin embargo, no pude realizar mi sueño, ya que el costo era elevado y mi familia no pudo asumir los gastos debido a la división del patrimonio familiar. Episodios como ese me enseñaron la importancia de la gestión patrimonial. Cualquier cambio de situación puede comprometer todo un legado o el futuro de las generaciones venideras. Además, la gestión en las empresas es crucial: ¿quién dirige?, ¿quién está más capacitado para tomar decisiones? No basta con ser heredero; debe existir gestión para garantizar la continuidad de lo construido.
Admiro profundamente a quienes construyeron sus fortunas desde cero, con mucho trabajo y perseverancia. Con el tiempo adquirieron bienes y consolidaron negocios exitosos, aprovechando oportunidades y practicando una gestión eficaz. En mi ciudad natal, muchas familias antes acomodadas hoy casi no tienen nada, mientras que la verdadera prosperidad está en manos de personas humildes que, con trabajo duro y buena gestión, han construido patrimonio a lo largo del tiempo.
Por tanto, gestionar no es solo trabajar arduamente; también es planificar, establecer metas y objetivos, contar con las personas idóneas en los puestos correctos y prestar atención a las habilidades de los hijos, guiándolos para que sean competidores eficaces en el mercado laboral y profesionales completos. La gestión comienza con la educación en casa, moldeando el carácter y las capacidades de cada persona y preparándola para el mundo real.
Al terminar mi licenciatura en Administración de Empresas, me di cuenta de que no tenía idea de lo que significaba administrar un negocio. Aprendí a gestionar en la práctica, enfrentando desafíos diarios; como dice el dicho, “matar un león al día”. Son las situaciones cotidianas las que revelan la importancia de la gestión. Los problemas surgen con frecuencia, muchas veces debido a la falta de gestión, a procedimientos inadecuados o a estándares de ejecución deficientes.
Cuando existe un sistema de gestión eficaz, hay procedimientos estándar que se enseñan a las personas responsables de su ejecución. Con una buena formación, los colaboradores se vuelven capaces de trabajar con excelencia y, en un entorno de diálogo abierto, pueden sugerir mejoras, impulsando un proceso continuo de perfeccionamiento. Eso es gestionar: crear un ambiente de trabajo agradable, con procedimientos claros y, sobre todo, un espacio donde todos puedan contribuir a la mejora continua de las actividades operativas.
Es evidente que no existe la perfección ni en el ámbito familiar ni en el empresarial. Al igual que la vida, la gestión es imperfecta porque las empresas son dirigidas por personas, cada una con su propia forma de tomar decisiones. Sin embargo, es necesario seguir un estándar de excelencia, tanto en la vida personal como profesional, ya que la eficiencia trae consigo mayor productividad, reducción de costos, mejora de la calidad, optimización de recursos, mayor competitividad y mejores decisiones, lo que se traduce en la satisfacción de todos los involucrados.
En definitiva, la gestión es una práctica cotidiana que debe fomentarse desde el hogar e integrarse a la formación profesional y empresarial. Invertir en educación, diálogo y responsabilidades desde temprana edad permite que las futuras generaciones sepan preservar y ampliar el legado recibido, tomar decisiones conscientes y construir un futuro sostenible y próspero para sí mismas, sus familias, su entorno y la sociedad.
Doctorado en Economía por la Universidad de Salamanca (España), maestría en Administración de Negocios por la Universidad de Santa Maria (Brasil) y Licenciado en Administración por la Universidad de Cruz Alta (Brasil). Es profesor de ciencias económicas, finanzas y gestión de negocios en varios institutos de educación superior en Brasil. Es director de la firma Kruel Consultoria LTDA, con amplia experiencia en proyectos financieros y de desarrollo sectorial.



