La inteligencia artificial que descubrió nuevos antibióticos

Eje Global

A inicios de noviembre la revista Cell publicó un estudio que muchos ya consideran uno de los mayores hitos científicos del siglo XXI. Por primera vez en más de cuarenta años, un grupo internacional de investigadores descubrió nuevas familias químicas de antibióticos capaces de eliminar bacterias resistentes que hoy representan una amenaza global. Lo más sorprendente no fue el resultado, sino el método. Una inteligencia artificial diseñó las moléculas desde cero en pocas semanas, algo que los científicos humanos no habían logrado en cuatro décadas.

Desde la década de 1980 la humanidad no había incorporado al mercado una clase completamente nueva de antibióticos. Los últimos grandes descubrimientos, como las fluoroquinolonas o los oxazolidinonas, pertenecen a esa época. Desde entonces las farmacéuticas se limitaron a modificar moléculas antiguas porque buscar algo nuevo era demasiado lento, costoso y riesgoso. En ese mismo periodo la resistencia bacteriana creció sin freno. La Organización Mundial de la Salud advierte que para 2050 las superbacterias podrían causar más de diez millones de muertes al año, superando al cáncer.

El obstáculo siempre fue el tamaño del universo químico. Se estima que existen más de diez a la sesenta posibles combinaciones moleculares, una cantidad superior a los átomos del universo observable. Explorar ese espacio era materialmente imposible para la investigación tradicional. Allí entró la inteligencia artificial.

El trabajo fue realizado por el laboratorio de James Collins, del MIT y Harvard, junto con Prescient Design, una filial de Genentech. Los investigadores entrenaron un modelo con más de doce millones de compuestos conocidos y su actividad antibacteriana. A diferencia de los métodos anteriores, el sistema no solo predijo eficacia sino que equilibró tres variables a la vez: potencia frente a bacterias resistentes, seguridad para las células humanas y novedad estructural. En tres semanas de procesamiento el modelo generó más de un millón y medio de candidatos virtuales. De ellos, ciento veinte fueron sintetizados y seis resultaron ser compuestos completamente nuevos.

Dos de estos compuestos se destacaron por su potencia y originalidad. El primero, denominado HALX-1, eliminó Acinetobacter baumannii con una eficacia comparable a los mejores antibióticos actuales, aunque con un mecanismo nunca visto. El segundo, ABX-3, demostró efectividad frente a Enterobacterales resistentes incluso a colistina, considerada el último recurso terapéutico. Ambos fueron probados en ratones con éxito y sin toxicidad detectable. Los análisis confirmaron que pertenecen a familias químicas inéditas, algo que no ocurría desde 1987.

Lo que diferencia a este trabajo de los esfuerzos previos es que la inteligencia artificial no optimizó una molécula existente, sino que creó las estructuras desde cero. Además, el modelo es de acceso abierto, lo que permitirá a cualquier laboratorio del mundo usarlo y adaptarlo a otros patógenos.

La comunidad científica ha calificado este logro como un punto de inflexión. Algunos especialistas lo comparan con el impacto de AlphaFold en la biología estructural. La Organización Mundial de la Salud afirmó que podría marcar el inicio del fin de la era posantibiótica.

Los compuestos ya se encuentran en fase preclínica avanzada y dos de ellos iniciarán ensayos clínicos en 2026. El mismo modelo se está aplicando para desarrollar nuevos antibióticos, antifúngicos e incluso tratamientos contra el cáncer.

Durante años las farmacéuticas abandonaron el desarrollo de antibióticos por su bajo retorno económico y los plazos prolongados. Con esta tecnología el costo del descubrimiento cae drásticamente y el tiempo se reduce de más de una década a solo unos meses. Este avance no solo ofrece nuevas armas contra las superbacterias, también redefine la investigación farmacéutica. La inteligencia artificial ya no es una herramienta auxiliar sino la nueva mente creativa del laboratorio. Si ha logrado inventar antibióticos que la humanidad no encontró en cuarenta años, cabe imaginar cuántos secretos más aguardan en ese universo químico que solo las máquinas pueden explorar.

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