
Hace unas semanas, Israel se convirtió en el primer Estado miembro de la ONU en reconocer formalmente a Somalilandia como país independiente. Ambos firmaron un acuerdo de reconocimiento mutuo e iniciaron el proceso para establecer relaciones diplomáticas plenas.
Somalilandia se ubica en el Cuerno de África, sobre la costa del Golfo de Adén, limitando con Djibouti, Etiopía y el océano Índico. Fue un protectorado británico que obtuvo su independencia en 1960 y fue reconocido entonces por 35 Estados, incluido el Reino Unido. Poco después se unió voluntariamente a la Somalia italiana para formar la República de Somalia, una unión que fracasó. Somalilandia fue marginada política y económicamente, y su población sufrió una represión sistemática bajo el régimen de Siad Barre, responsable de un genocidio en los años ochenta, particularmente en Hargeisa y Burao.
En 1991, Somalilandia se retiró de la unión y desde entonces opera como un Estado independiente de facto, aunque sin reconocimiento formal y considerada parte de Somalia. Cumple con los criterios de estatalidad de la Convención de Montevideo: posee territorio definido, población permanente, gobierno efectivo y capacidad para relacionarse con otros Estados. Celebra elecciones propias, mantiene fuerzas de seguridad autónomas, acuña moneda, cuenta con administración diferenciada y ejerce control real sobre su territorio.
Por ello, el principal obstáculo para su reconocimiento no es jurídico, sino político. La ONU, marcada por dobles estándares —visibles tanto en el reconocimiento de un Estado palestino que no cumple criterios de estatalidad como en la rápida reacción del Consejo de Seguridad ante este caso frente a su inacción en crisis humanitarias graves— teme que reconocer a Somalilandia aliente movimientos secesionistas en África y prioriza la integridad territorial de Somalia.
Desde el punto de vista del derecho internacional, el reconocimiento de Somalilandia por Israel no obliga a otros Estados ni modifica formalmente la soberanía somalí, pero establece un precedente político y legal relevante. La doctrina de reconocimiento discrecional permite a Israel actuar según sus intereses, aunque aumenta las tensiones respecto a normas consuetudinarias sobre secesión y límites de soberanía estatal.
Poco después del anuncio, el Consejo de Seguridad celebró una sesión de emergencia para abordar el reconocimiento, convocada por Somalia y respaldada por la mayoría de sus aliados. En la reunión, Estados Unidos defendió el derecho de Israel a reconocer a quien considere, comparando la decisión con reconocimientos previos de Estados no formales, como Palestina, pero aclaró que su posición oficial sobre Somalilandia no cambiaría. Señaló que no la reconoce como Estado y reafirma su apoyo a la soberanía e integridad territorial de Somalia.
En contraste, representantes de la Liga Árabe, Pakistán y varios países africanos calificaron la decisión como una “transgresión del derecho internacional”, argumentando que socava principios de soberanía y estabilidad, y advirtieron sobre el riesgo de uso de puertos somalíes con fines militares o geopolíticos. Reiteraron la necesidad de que Mogadiscio y Hargeisa resuelvan sus diferencias de manera pacífica.
La decisión israelí responde a cálculos estratégicos y a una actualización de su doctrina de seguridad periférica, en línea con los Acuerdos de Abraham. Israel busca ampliar sus alianzas más allá del conflicto árabe-israelí, fortaleciendo vínculos económicos y de seguridad con actores no hostiles en África y Medio Oriente para reforzar su posición regional, mejorar su inteligencia, contener a Irán, asegurar acceso directo a África y ampliar su libertad de acción frente a amenazas regionales. Esta estrategia de “profundidad estratégica” permite a Israel asegurar aliados confiables en puntos críticos y reducir vulnerabilidades externas.
A cambio de superar su aislamiento diplomático y atraer inversiones y capital humano, Somalilandia ofrece a Israel acceso estratégico al puerto de Berbera en el Golfo de Adén. Esto protege rutas comerciales, logísticas y energéticas frente a Irán y sus redes de influencia. Israel obtiene nodos de vigilancia y acceso a inteligencia crítica, mientras aporta tecnología, ciberdefensa y cooperación en seguridad, consolidando un aliado estable y aumentando su capacidad de presión sobre Teherán sin confrontación directa. El intercambio crea una relación de dependencia estratégica favorable a Israel y fortalece la posición internacional de Somalilandia.
Además, Somalilandia brinda a Israel un acceso directo a África sin depender de intermediarios hostiles. Mientras Mogadiscio mantiene vínculos con Turquía, Qatar y actores islamistas, Somalilandia es un socio musulmán suní estable, no islamista, no alineado con Irán y sin historial de enfrentamiento con Israel, garantizando cooperación pragmática y fiable. Reafirma también que la hostilidad hacia Israel no es necesariamente religiosa, sino estratégica o política.
El reconocimiento envía un mensaje claro: que Israel actúa según sus intereses estratégicos, sin esperar aval o beneplácito de la ONU, la Unión Africana o potencias occidentales. Refuerza la idea de que la funcionalidad, estabilidad y valor estratégico de un Estado pueden pesar más que su reconocimiento formal, un argumento cada vez más relevante en debates sobre territorios disputados, y subraya la capacidad de Israel de actuar autónomamente cuando su seguridad y sus intereses lo requieren.
La medida generará tensiones inmediatas. Somalia la considera una violación de su soberanía, mientras la Unión Africana, la Liga Árabe y países como Turquía y Egipto advierten sobre riesgos para la estabilidad regional. Grupos insurgentes como al-Shabab podrían usar la situación para propaganda, reclutamiento y violencia anti-Israel o anti-extranjeros. Incluso dentro de Somalilandia, algunos sectores temen polarización política o dependencia excesiva de potencias externas.
A escala global, la decisión cuestiona la rigidez de las fronteras heredadas de la descolonización africana y establece un precedente para otros movimientos separatistas. El acceso israelí a Berbera refuerza la competencia estratégica en el corredor del Mar Rojo, mientras Somalilandia podría consolidarse como un nodo logístico clave en las rutas África-Asia-Europa, alterando dinámicas comerciales y geoeconómicas.
El reconocimiento de Somalilandia por Israel no solo redefine las prioridades estratégicas en el Cuerno de África, sino que plantea un ensayo sobre cómo la funcionalidad y estabilidad de un territorio pueden pesar más que su estatus legal formal. En los próximos años, se esperan tensiones regionales, ajustes diplomáticos y un debate internacional más amplio sobre criterios de soberanía y reconocimiento, consolidando a Somalilandia como un caso emblemático de pragmatismo estratégico frente a normas tradicionales.
Licenciada en Derecho por la Universidad Iberoamericana, especialista en Gestión de Proyectos por la Universidad de Georgetown y Maestra en Derecho por la Universidad de Harvard, donde fue becaria de mérito e Investigadora Invitada. Es fundadora de la firma de gestión de proyectos internacionales y comunicación estratégica Synergies Creator. En el ámbito mediático, ha sido creadora de contenidos, presentadora y analista de política internacional en medios nacionales e internacionales, participando recientemente en Univisión Chicago durante las elecciones presidenciales de EE.UU. en 2024. Ha recibido reconocimientos nacionales como el Premio al Mérito de la Mujer Mexicana 2025 (ANHG-UNAM), además de distinciones de la Academia Nacional de Perspectiva de Género y de la Legión de Honor Nacional de México. Representó al sector privado en reuniones del G20 (India, 2023) y fue seleccionada por el Grupo Santander como una de 50 mujeres de altos mandos para integrarse al Programa de Liderazgo SW50 con pasantía en la London School of Economics (2024). Es Asesora Senior del Global Policy Institute en Washington, D.C.; miembro de la Legión de Honor Mexicana, Miembro de Número de la Academia Nacional de Historia y Geografía, y Dama Distinguida de la Ilustrísima Orden de San Patricio. Es políglota, conferencista y autora de varias publicaciones.



