Todo es un plan

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Lo sucedido el 3 de enero en Venezuela y los hechos posteriores son un plan geopolítico que viene ejecutando Donald Trump, pues la Casa Blanca ya avizora un conflicto internacional a gran escala, afectando esencialmente a Europa.

Nuevamente —como parece que se repite cada cierto tiempo— Rusia medirá fuerzas con Europa. Esto traerá un cambio en las dinámicas de poder en el mundo y en el intercambio económico internacional.

Trump, que ve los “toros desde la barrera”, está moviendo los hilos y tomando decisiones. Tomar el control de la extracción y comercialización del petróleo es una de esas acciones tácticas.

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Como bien lo afirmó Trump, las reservas de crudo de Estados Unidos y Venezuela, sumadas, alcanzan el 68 % del total mundial. Es decir, controlarían el futuro de los hidrocarburos.

Además, en un eventual conflicto europeo, Rusia no podría comercializar su petróleo, y las naciones europeas tendrían que salir a buscar combustible hacia América.

Aquí aplica aquella vieja frase cinematográfica: “solo son negocios, nada personal”.

Trump prevé un colapso en el Viejo Continente, así como ve una parálisis en el Medio Oriente; tales situaciones elevarían el precio del petróleo y generarían enormes ingresos a los países petroleros alejados de ese conflicto: Venezuela es la clave.

Y, en este tablero de ajedrez, Trump coloca su mirada en Groenlandia, pues es una ruta geopolítica de prevalencia y un lugar estratégico para controlar los movimientos de Rusia y China en esa área del globo.

Venezuela y Groenlandia, así como Canadá, son elementos que evalúa la administración Trump para blindar al continente americano ante una situación de convulsión mundial. Es por ello que la neutralización de Cuba y Nicaragua es parte de ese proceso de preparación.

El presidente Trump no está dispuesto a soportar la amenaza de una Cuba aliada a China y Rusia a escasas millas de las costas de Estados Unidos. No se permitirá otra “crisis de los misiles” como en los años de Kennedy.

Cual general, Donald Trump hace sus movimientos sobre el teatro de operaciones. En cambio, Rusia, hundida en la guerra con Ucrania, está observando con cada vez más recelo y dejando que EE. UU. se prepare en América, mientras deja solos a los europeos, que parecen no comprender lo que les viene.

Vladimir Putin necesita una Europa sin Estados Unidos; le urge una implosión de la OTAN, pero a sabiendas de que EE. UU. juega al desgaste de los europeos y rusos para luego imponer su voluntad en una Euro-Asia devastada y agotada.

Países como Alemania y Francia serán sacrificados para generar nuevas reglas de juego en el mundo. Bastaría saber qué papel jugaría Inglaterra con su histórica “relación especial” con Estados Unidos y cómo se decantaría una Italia que, con Meloni al frente, ha sabido —hasta ahora— jugar a dos bandas, apoyando a Trump sin enojar a la Comunidad Europea o, a la inversa.

La vida sigue y nos acercamos cada día más a una crisis absoluta. Trump hace su jugada, Putin la suya. Y, en las sombras, Xi Jinping también se alista, pero puertas adentro, con una purga en la alta dirección comunista en China.

En conclusión, somos simples hojas en medio de un torbellino político.

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jdionisioss55@gmail.com |  + posts

Licenciado en Comunicacion Social por la Universidad Santa María (Venezuela), con especialización en Gobierno Abierto por la Organización de Estados Americanos (OEA). Fue responsable de prensa del candidato a la presidencia de Venezuela Manuel Rosales, ha sido asesor de campaña de varios candidatos, además de fungir como director de comunicación en alcaldías y gubernaturas. Así mismo fue asesor de la Asamblea Nacional de Venezuela en materia de Comunicación.

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